lunes, 4 de enero de 2016

29 CADÁVERES, pepe cervera (menoscuarto, 2013)

Ocho relatos impactantes sobre asesinos reales, lo que los hace más impactantes. Mucha sangre, mucho psicópata, muchos cadáveres, mucho hombre-que-te-ayuda-a-subir-la-compra-quién-iba-a-decirlo. Un estilo limpísimo con un punto de vista objetivo que recuerda a A sangre fría de Capote o a un Carver de pronto obsesionado con los asesinos en serie. El libro está muy bien, la verdad. El contraste entre esa prosa fría, descriptiva hasta el último detalle, objetiva e impasible como una cámara; y las historias aberrantes (pero reales) que cuenta, es un gran acierto. El pero que le pongo es que ahora me da un poco de miedo tomarme una cerveza con Pepe Cervera sabiendo a qué tipo de investigaciones dedica el tiempo libre en lugar de ver Gran Hermano e ir a misa como la gente normal.

MR. ROBOT (sam esmail, 2015)

Tengo una opinión encontrada sobre esta serie. Por un lado me encanta el punto de partida con esa mezcla de "V de Vendeta" con "El club de la lucha". Por otro lado me molesta ese guión como a trompicones y no acabo de entrar en su imaginería expresionista (siempre entre lo sublime y lo ridículo, como todo buen expresionismo) que proviene del cómic: Evil Corp, la relación excesiva de los Wellick, etc. Hay varios giros en la serie que nos llevan a lugares insospechados. Eso me suele gustar, que me sorprendan, pero algunos de esos giros no acaban de cuadrarme, como si no encajaran bien en el guión. En fin, es lo suficiente interesante como para verla, pero le falta un pulido final de guión para que todo fluya sin tropiezos...

JOHN MUERE AL FINAL, david wong (valdemar 2014)

Lo primero: ¿quién no quiere leer una novela con este título? Lo segundo: ¿quién quiere leer un libro si ya han hecho la peli? Pues depende: yo no quiero ver películas que adapten a Dostoievsky, a Vargas Llosa, a Kundera, Gente Independiente de Laxness o Moby Dick de Melville, por citar novelas mainstream. Estas novelas aportan algo que el cine no puede aportar: un análisis profundo de personas o lugares, una atmósfera, una cadencia, una prosa hipnótica, frases geniales o una estructura difícil de trasladar al cine, depende del caso. Pero, ¿para qué quiero leer una novela policíaca de Indridason o de Benjamin Black, por ejemplo, si hay película? ¿Que aportan ciertas novelas para que merezca la pena su lectura antes que su visionada? El caso es que "John muere al final" es una novela muy divertida donde el autor muestra una imaginación alucinante y un sentido del humor muy particular. Es una novela de ¿terror? donde hay monstruos de carne congelada, bigotes asesinos, monstruos con peluca, viajes en el tiempo, dimensiones paralelas o explosiones de ojos. Wang lo describe con mucho detalle y puedes imaginarte cada escena. Es un universo muy loco y quieres seguir leyendo a ver qué cosas se le van a ocurrir. Pero cuando llevaba 300 páginas me dije: los personajes son planos, solo definidos por sus acciones; el peso narrativo son las aventurillas que corren y lo más curioso son las escenas sobrenaturales... ¿no es mejor ver la peli? ¿Qué me da el libro extra? La peli dura solo hora y media (y me quedan más de 200 páginas todavía) y además me apetece ver los monstruos con peluca, no tengo ningún interés en imaginármelos. ¿Hay algo que me dé el libro además de aventuras locas? No. Pues la peli. Así que acabé la historia viendo la peli, que es muy sitgera. Los amantes del festival Sitges deben verla si no la han visto. A mí me recuerda un poco a "El alucinante viaje de Bill y Ted", otro despliegue de imaginación sin límites, pero tirando más hacia el terror. El monstruo de carne congelada era mejor en la peli que en mi imaginación, así que me he quedado satisfecho. Resumiendo, que la novela está guay, pero como siempre digo, si su lectura no me da nada más que un guión de peli, pues para eso veo la peli. Yo soy muy lector, pero también muy cinéfilo. Así que al libro lo que es del libro y al cine lo que es del cine. Y, lo siento, pero creo que este libro era una peli sin filmar y es como leerte una obra de teatro cuando puedes verla representada.

FORTITUDE (simon donald, 2015)

El nordic noir o género negro nórdico está de moda, en literatura (Henning Mankell, Stieg Larson, Jo Nesbo, Assa Larson, Camilla Lackberg...) y también en series (The killing, Bron/broen...). Fortitude es una serie más en esa línea. El misterio me gusta pues juega en esa línea sutil entre lo real y lo fantástico, no dejándonos saber exactamente a qué tipo de amenaza (natural o sobrenatural) nos enfrentamos.... y además el final está bien resuelto (aunque se pasan un poco de gilipolleces en los últimos episodios). Pero como siempre me pasa, aunque me ha entretenido me da un poco igual esto de los misterios y no me aporta mucho, pero creo que a los fans del género les va a gustar. Lo mejor, y la razón por la que la vi: los paisajes árticos. Está ambientada en el archipiélago de Svarbald, al norte de Groenlandia (el lugar donde más osos polares existen) y rodada principalmente en Islandia. Solo por eso ya me vale la pena jaja. A veces soy un facilón... La recomiendo a los que les molan los misterios policíacos y a los que les molan los paisajes helados, que sé que somos unos cuantos...

jueves, 17 de diciembre de 2015

FAMILIAS DE CEREAL, tomás sánchez bellocchio (candaya 2015)

lo irracional, lo extraño, lo inesperado nutre (o irrumpe en) los relatos de bellocchio. En tiempos de crisis como el nuestro, donde los viejos paradigmas ya no sirven y los nuevos todavía están por llegar, lo irracional humano, esa parte nuestra difícil de entender y prever, se convierte en símbolo y, casi diría yo, en crítica al sistema: la razón, lo perfectamente medible y catalogable, no es capaz de explicar el mundo (y mucho menos el mundo de las relaciones humanas) totalmente. Lo realmente humano es otra cosa, esa que muestra tan bien bellocchio cuando habla de relaciones filiales, románticas o puramente eventuales. Los personajes de bellocchio son verdad, suenan a verdad, están plagados de contradicciones, manías, silencios y, sobre todo, detalles que sorprenden por la capacidad del autor para captar las pequeñas cosas. Es esa capacidad de observación (y una prosa cuidadísima) lo que más me ha gustado. Detalles elocuentes que por sí solos ya valen la lectura del relato. Recomendable: cercano a cheever en su descripción genial de las relaciones familiares, a samantha schweblin en esa atmósfera extraña e inquietante y, en ocasiones a relatos de eloy tizón en los que el conflicto, el viaje emocional del personaje (ese viaje sin el cual no existe el relato) nos es escamoteado, ocurre sin que el lector se dé cuenta, en el interior del personaje, así que asistimos impotentes a una historia oculta, interior, que solo somos capaces de intuir.  

PIZZERÍA KAMIKAZE Y OTROS RELATOS, etgar keret (siruela 2008)

Al igual que me pasó con el finlandés paasilinna, este autor israelí me venía recomendado por un par de personas y a priori debía encantarme: prosa ágil, desenfado, ironía, temas curiosos. En este caso, un conductor de autobús que quiere ser dios o un suicida que muere y acaba trabajando de pizzero en el "cielo" de los suicidas. Pero la verdad es que no me ha gustado nada, por las mismas razones que no me gustó paasilinna: personajes planos, historias que no van a ningún lado (las anécdotas se suceden, en plan "Candide" de Voltaire pero sin llegar jamás a ningún lado) y un humor que no me hace demasiada gracia. En fin, que no lo recomendaría aunque algún relato corto, como el del autobusero, es salvable.

SUMISIÓN, michel houellebecq (anagrama 2015)

Hay escritores que intentan escribir novelas y escritores que intentan escribir el mundo y les salen cosas que parecen novelas. Me interesan estos últimos. Me entretiene que me cuenten una historia, hasta en ocasiones me tranquilizan los tópicos de los géneros, pero cada vez soporto menos las novelas que huelen a novelas. Me aburren. Mucha gente me dice últimamente que ya no lee apenas novelas, que prefiere ensayos. Y los entiendo, a mí me pasa parecido: estoy cansado de las "novelas". Por eso leo novelas como "Sumisión", porque es otra cosa. Porque hay tanto de ensayo como de novela. Houellebecq quiere contarnos algo y le importa cero si su novela se parece a una novela o a un ensayo o a una distopía o a qué se parece. En nuestro idioma hay cada vez más autores que utilizan la novela para contar el mundo, que los más puristas ponen a parir y se preguntan si son o no son novelas, pero ¿a quién le importa? Hablo de gente como Isaac Rosa, Jordi Carrión, Agustín Fernández Mallo, Óscar Gual, Juan Terranova, Pola Oloixarac, Miguel Ángel Hernández y muchos más... me gusten más o menos sus propuestas, con más o menos heterodoxia, todos escriben novelas que intentan hablarnos sobre el mundo, defender unas tesis o hacernos pensar sobre unos problemas de forma muy diferente a como lo hacían los realistas del XIX. Novelas que se parecen a novelas. Como esta "Sumisión", que utiliza la novela para hablarnos de nuestra época, de sociopolítica, del fin del bipartidismo, del ascenso del islam en Francia, de radicalismos, de los prejuicios... Podría haber escrito un ensayo al respecto pero decidió hacer una novela. No importa mucho. Es genial sea lo que sea. Una novela sobria y objetiva que te hace pensar. Las novelas que se pretenden novelas son como el museo del Prado: un catálogo de artistas con grandes cualidades y obras que nos fascinan por su técnica. Las novelas que se parecen a novelas se parecen más a las obras del reina sofía: la técnica es menos importante (lo que no quiere decir que sobre) que la idea. Las obras te muestran un punto de vista novedoso, ponen en evidencia una contradicción, ironizan sobre la realidad o la ponen en entredicho. Me interesa más el váter de Duchamp que las meninas de Velázquez (admirando mucho a Velázquez). Por eso me interesa esta novela. Porque se parece a una novela y algunos dirán que apenas es una novela. Por eso intento escribir ese tipo de novelas que algunos dicen que apenas son novelas.