viernes, 22 de abril de 2016
LANGOSTA (yorgos lanthimos, 2015)
Creo que soy el último en ver esta peli, jaja, porque no se habla de otra cosa desde hace unas semanas... La peli genial, me ha encantado. La primera película de Lanthimos, CANINO, ya me pareció una genialidad. Una soporífera genialidad, eso sí. De hecho he puesto escenas en clase para explicar el mito de la caverna de Platón, porque en el fondo es una actualización de ese mito. En Langosta sigue con sus influencias platónicas, aunque me recuerda más a esas fábulas oscuras de Kafka donde lo extraño se vuelve normal y lo normal, extraño. Hay también una crítica un tanto borgeana a la verdad y a la cultura (entendida en un sentido amplio que no solo engloba lo artístico sino también las relaciones sociales, la lengua, la religión, los ritos...) como conjunto de reglas humanas que asumimos como si fuesen la VERDAD cuando solo son formas arbitrarias de intercomunicación con los demás y con el mundo. Habla también de los fanatismos, de la falta de comunicación entre los diferentes, del hooliganismo imperante... y de paso disecciona el amor y las relaciones de pareja. No sé, a mí me ha parecido una maravilla. Por diferente, por profunda, porque el final no decepciona, porque consigue contar algo muy difícil de forma muy fácil: con un cuento, parábola, fábula o como queramos llamarlo...
POESÍA/ Andrés Navarro (Un huésped panorámico, DVD 2010)
Me está costando acceder al universo poético de Andrés Navarro, pero ¿quién dijo que la poesía era fácil? Poco a poco sus imágenes van articulándose en mi cabeza. He dejado de intentar hallar un mandala que las una, ni siquiera me importa ya que avancen en pelotón. Solo dejo que bailen a su ritmo. Cada una al suyo. Y las observo desde fuera, incapaces de una coreografía pero bellas en su libertad de felino.
II
La juventud termina cuando una moneda arrojada
a un estanque surte efecto. Cambiarás de estado
y de país, distinguirás lo conocido de lo casual
cuando el instinto resulte inútil
y haga frío. Aquel verano, hacia el Sur, la chica
dando el alto en la cuneta no era una desenfadada
estudiante o no hacía autostop. Luego fue necesario
enjugar las toxinas, despertar a los niños,
hacerse con un mapa de la zona.
La juventud termina cuando una moneda arrojada
a un estanque surte efecto. Cambiarás de estado
y de país, distinguirás lo conocido de lo casual
cuando el instinto resulte inútil
y haga frío. Aquel verano, hacia el Sur, la chica
dando el alto en la cuneta no era una desenfadada
estudiante o no hacía autostop. Luego fue necesario
enjugar las toxinas, despertar a los niños,
hacerse con un mapa de la zona.
PUREZA, Jonathan Franzen (Salamandra, 2015)
Su novela Libertad me fascinó, como a tantos. Pureza sigue la misma línea pero es más aburrida. Quizás porque repite fórmula o porque simplemente le ha salido peor. Aún así es una buena novela que no va realmente de nada y va de todo. Va de personas, de vidas, de traumas, de culpas, de contradicciones, de familias, de amores, de anécdotas que forjan caracteres e historias vitales con encuentros y desencuentros, casualidades y causalidades. Como Paul Auster, que hablará de lo que le dé la gana vaya de lo que vaya la novela, aunque Franzen se enrolla más. Mucho más. Como Dostoievsky, analizando personajes con taras emocionales. Como la vida misma, vamos. A mí me gusta Franzen, pero se me ha hecho larga, también es verdad. Igual que escribiera una novela de 300 páginas molaría, aunque lo suyo es otra cosa. Nos muestra el camino en el bosque por el que circula la novela y, de paso, todo el bosque y las montañas de alrededor y, si se tercia, el bosque de al lado. Pero supongo que esa es la gracia. Eso sí, el título no me convence, debería llamarse, PUREZA (PURITY) si quieren jugar con el doble sentido del original. O si acaso solo PURITY... pero PUREZA no me convence nada.
LA CASA, paco roca (astiberri, 2016)
Este cómic me ha parecido una maravilla. Es alucinante cómo Paco Roca, con una historia sencillísima, a partir de pequeños detalles, cuenta algo tan profundo. Es una de esas historias que te hacen plantearte cosas. En mi caso el poco tiempo que tengo siempre para la familia, para los amigos, para mí mismo en plan contemplativo. Todo está lleno de marcas en la agenda, de horarios, de plazos, de proyectos. Y no me acuerdo de llamar a mi madre. Y es lo que más quiero en el mundo y no me acuerdo de llamar nunca a mi madre. Y tengo ya una edad en que no sé cómo cambiar las cosas, cómo cambiar las inercias, cómo convertirme en alguna persona menos embebida, menos huraña, menos atada por ciertas rutinas y proyectos que, aunque me hacen feliz, apenas me dejan tiempo para, como diría Voltaire, "cultivar mi jardín". En fin, he llorado al final del cómic. Recordando a mi abuelo con el que no pude tener más conversaciones, y ahora quiero tenerlas pero murió, y sin embargo sé que si estuviera vivo no encontraría tiempo para ir a verlo, a hablar con él, me sentiría perdiendo el tiempo. Pensando en mi familia a la que no veo tanto como debiera, porque nunca tengo tiempo de nada, salvo de moverme de un lado para otro como si me fuera la vida en ello, como si pararme a descansar fuese a acabar conmigo. No sé, supongo que queda claro que el cómic es bueno. Es de esos que te hablan de ti mismo. Que te hacen conversar con tus fantasmas.
Re: TRAGEDIAS DE SHAKESPEARE, VV.AA (451 ediciones, 2007)
La colección 451.Re: me parece muy curiosa pues está formada por varios fanfictions o remakes literarios que lanzó 451 ediciones en 2007. En aquel momento me pasaron desapercibidos, pero ahora, cada vez que encuentro alguna obra de la serie en alguna librería de ocasión lo compro. De hecho ya había leído anteriormente la versión moderna de ¡Mio Cid! y de las leyendas de Becquer realizada por autores españoles como Orejudo, Marta Sanz, Juan Bas o Rafael Reig. En este caso, como en los otros, el volumen es irregular tanto en calidad como en tono. Hay remakes que me encantan y otros que me dejan indiferente. Me han gustado principalmente el primero, donde Antonio Álamo reescribe Hamlet como si de un informe del psiquiátrico se tratara; y el Romeo y Julieta de Enrique Prochazka, donde los amantes son dos académicos separados por su filosofía: él es positivista kantiano y ella posmoderna. En fin, una gran idea aunque yo creo que no eligieron a los escritores adecuados para desarrollarla, pues el apropiacionismo literario es algo muy "posmoderno", como Julieta, y algunos autores se quedan demasiado encorsetados o no acaban de hacer el remake con gracia . O sea, que algunos me encajan en este juego, pero a otros, demasiado clásicos, no acabo de verlos. Se me ocurren nombres de escritores españoles que hubiesen sido perfectos para esto, que ya en su obra juegan con el apropiacionismo y homenajean con irreverencia textos clásicos. Pero bueno, obviamente yo no fui el editor...
EL HOMBRE QUE CONFUNDIÓ A SU MUJER CON UN SOMBRERO, oliver sacks (anagrama 2009)
Tenía ganas de leer algo de Sacks y, aunque es muy curioso, no me ha fascinado. En su libro cuenta casos clínicos de enfermedades cerebrales de una u otra índole (retrasados, autistas, problemas neurológicos...). Un buen número de patologías extrañísimas que describe de primera mano y que nos hacen plantearnos la complejidad del cerebro y lo poco que sabemos de nosotros mismos y del universo. Reconozco que tiene su interés, pero al menos para mí es una lectura prescindible.
EL COMITÉ DE LA NOCHE, belén gopegui (mondadori 2014)
Me encantan los supuestos teóricos de Gopegui a la hora de abordar su obra literaria, profundamente comprometida. Habla de la verosimilitud como el territorio de lo posible, de usar la literatura para ensanchar ese universo simbólico que acabamos confundiendo con la realidad. Habla de enfrentarse a las grandes máquinas que crean lo "posible", lo "natural", lo "decible" (religión, medios de comunicación, lobbies...) con una literatura que muestra otras "posiblidades", "naturalidades", "discursos". Muy inspirador. El problema que veo es que su obra, como le ocurre a muchos escritores que también son teóricos (hoy día muchos), no está totalmente a la altura de su pretensión. Es mi opinión, obviamente. Tiene muchísimos seguidores y he escuchado a varias personas hablar de cómo la literatura de Gopegui les remueve, así que supongo que algo tiene su literatura sin duda. Las dos novelas suyas que he leído me parecen maniqueístas, tendenciosas y formalmente poco originales. Pero estas palabras que no suenan bien pueden sustituirse por otras qwue suenan bien: "posicionadas políticamente sin tapujos", con conflictos sencillos (casi exemplos medievales) sin demasiadas aristas para que "las conclusiones sean claras", y una "forma que no limite el número de lectores a una élite intelectual". O sea, que forma parte de su estrategia, frente a una "normalidad" en la literatura que critica esta estrategia. Resumiendo: sus ideas sobre la literatura política me han hecho reflexionar mucho.. De un encuentro que mantuvimos con Belén Gopegui saco dos cosas interesantes, y una de ellas me está jodiendo bastante:
1. que cuando te enfrentas al dilema trágico, en el que elijas lo que elijas pierdes, lo mejor es atacar aquello que te plantea el dilema, sea una persona, una estructura social, una ley... O sea, no elegir. Muy interesante este planteamiento.
2. que hay una contradicción en mi "compromiso" literario (como me mostró sin ella saberlo) porque creo que la naturaleza humana es lo que es y no depende excesivamente de las estructuras sociales (y esa literatura es justo la que ella critica por plantear en el fondo la resignación y hacerle el juego al capitalismo al defender, sin querer, que no es culpable pues lo somos nosotros, lobos hobbesianos). Entonces me planteo, ¿cual es mi lucha? ¿Por qué hablo de cambiar las cosas si en el fondo no creo que puedan ser cambiadas? ¿Creo realmente que se puedan mejorar las reglas del juego y hacer un mundo más justo? Porque si no es así, si comunismo o capitalismo son la misma mierda (así lo veo), ¿para qué esforzarme? Asumo la depredación y el darwinismo como forma de relacionarlos socialmente, especulo inmobiliariamente y sálvese quien pueda... Sin embargo creo en la educación, en la resemantización, en el poder de los imaginarios y los símbolos para cambiar la forma de mirar... Aunque las estructuras son una forma de educar más potente que todo lo demás, porque son lo que genera la idea de "realidad".... En fin, que tengo un dilema gordo jaja... Me da la sensación de que lucho porque yo quiero hacer lo que entiendo por correcto, aunque en el fondo crea que nada cambiará. ¿Es un ejercicio solipsista entonces? ¿Es para creerme guay? ¿Es mi compromiso social coherente o es cool? ¿Debería hacerme conservador? ¿Algún psicólogo que me pueda ayudar a resolver esto?
1. que cuando te enfrentas al dilema trágico, en el que elijas lo que elijas pierdes, lo mejor es atacar aquello que te plantea el dilema, sea una persona, una estructura social, una ley... O sea, no elegir. Muy interesante este planteamiento.
2. que hay una contradicción en mi "compromiso" literario (como me mostró sin ella saberlo) porque creo que la naturaleza humana es lo que es y no depende excesivamente de las estructuras sociales (y esa literatura es justo la que ella critica por plantear en el fondo la resignación y hacerle el juego al capitalismo al defender, sin querer, que no es culpable pues lo somos nosotros, lobos hobbesianos). Entonces me planteo, ¿cual es mi lucha? ¿Por qué hablo de cambiar las cosas si en el fondo no creo que puedan ser cambiadas? ¿Creo realmente que se puedan mejorar las reglas del juego y hacer un mundo más justo? Porque si no es así, si comunismo o capitalismo son la misma mierda (así lo veo), ¿para qué esforzarme? Asumo la depredación y el darwinismo como forma de relacionarlos socialmente, especulo inmobiliariamente y sálvese quien pueda... Sin embargo creo en la educación, en la resemantización, en el poder de los imaginarios y los símbolos para cambiar la forma de mirar... Aunque las estructuras son una forma de educar más potente que todo lo demás, porque son lo que genera la idea de "realidad".... En fin, que tengo un dilema gordo jaja... Me da la sensación de que lucho porque yo quiero hacer lo que entiendo por correcto, aunque en el fondo crea que nada cambiará. ¿Es un ejercicio solipsista entonces? ¿Es para creerme guay? ¿Es mi compromiso social coherente o es cool? ¿Debería hacerme conservador? ¿Algún psicólogo que me pueda ayudar a resolver esto?
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